martes, 10 de marzo de 2020

LAS COPAS, SON EL DEMONIO...

Cosa rara. Una noche, en la colombina isla de La Gomera, nos fuimos, como siempre, de copas. Estábamos tan "cargaditos" que  la estrecha carretera, por el efecto “copas”, se convertía en autopista con un montón de carriles... Pero eran otros tiempos. Tiempos en los que no había puntos, ni retirada de carnet, ni de esas cosas, que hoy te tienen con el miedo en el cuerpo y te deja la cartera escurría. 

Nos habían invitado para grabar “Tenderete” en La Gomera. Como siempre, para los preparativos, íbamos Nanino, Juan Martínez y yo, pero como eran días de esos, en los que cuadras un puente, pues Santiago Ramos “Chaguito”, se apuntó a la localización. 

Con el trabajo hecho, nos fuimos a casa de Conchita, amiga y cocinera de lujo. Llegar a casa de Conchita, era como estar en casa. Siempre de trato distinguido nos dijo: tengo unas morteras preparadas, por si quieren comerse un potajito... Lo decía con tanta dulzura, con tanto cariño, que ya adivinabas que el potaje tenía que estar de escándalo. 

En honor a la verdad, sabía a gloria. Espolvoreado con un pizco de gofio, una puntita de queso de la zona, era una auténtica bendición... 

Desde Arure, emprendimos el regreso haciendo paradas en todos los lugares donde había algo de luz que significaba que estaba abierto. 

Unas copas, un cachito de queso y a seguir la ruta... Cuando llegamos a San Sebastián, veníamos con el depósito repleto y con la vista muy extraviada y con ganas de llegar al apartamento a descansar... Pero... pero... Nanino, dijo: ¿no me irán a dejar solo?... ¿la última y nos vamos a dormir?  

¡¡Vale!! 

Llegamos a un barcito, amplio, con máquinas de cigarros y tragaperras. La barra hacía como un cuadrilátero. Solo estaba el camarero y un señor, acodado en la barra, con el cachorro tapándole los ojos y un virginio, bien chupaito, entre los labios... 

Nosotros, pedimos las copas y al sentir algo de ruido, el señor con mucho esfuerzo, levantó la cabeza y se bajó del taburete... 

No sé si nos miró o nos midió detenidamente, pero cierto es que hizo un esfuerzo considerable, para abrir los ojos... Tras el esfuerzo, se le puso cara de interrogación... Juan Martínez, leía con detenimiento el precio de los cigarros y el señor después de muchos rodeos le aseguró, señalando a Nanino: a ese señor lo conozco yo... 

Al no obtener respuesta, se vino a mi lado... Yo conozco a ese señor pero no recuerdo quien es... 

Le respondí: Yo nunca lo he visto... No puedo ayudarle... 

El borrachito, seguía con el trasteo y se acercó a Chago... ¿usted, tampoco sabe quién es...? 

¿A quién se refiere...? 

A ese señor “gordito” que está en la barra... 

No; jamás lo he visto, pero por su pinta creo que es de pa´fuera... 

Todas esas preguntas eran sobre Fernando Díaz Cutillas “Nanino”... 

Al borrachito, la cara de Nanino le era muy conocida pero no acertaba a situarla. Lo había visto, pero al verlo en otro escenario se le hacía difícil saber quién era.  

Siguió la noche y el borrachito una y otra vez, se quedaba mirándolo a ver, si lo reconocía... 

De remplón, de buenas a primera, se acercó a nosotros y nos dijo: ¡¡ ya se quién es!! 

Sí... ¿quién es? 

¡¡¡Es el comandante del Ferry Benchijigua!!! 

Durante años, recordábamos una y otra vez la anécdota... 

ALFREDO AYALA OJEDA

jueves, 5 de marzo de 2020

LUCHADORES COMO “CAMURRIA” YA NO SE ESTILAN

Ayer, entre una montaña desordenada de fotos, me encontré con esta que, en su día, junto con otras, me regaló el amigo y fotógrafo , Álamo. Son las fotos de la añoranza, de tiempos idos, cuando la lucha canaria, nuestro deporte por excelencia, gozaba de consideración y prestigio. Cuando se salía al terrero a luchar sin reservas y, en ocasiones en salir por "cáida" para vengar la derrota del padre, hermano o pariente... 

Foto: Pancho Camurria, en una agarrada en el improvisado terrero del Barranco Guiniguada.

Hacía algún tiempillo, que no recalaba por la antigua Plaza de las Ranas, en el margen derecho del barranco Guiniguada... Pero en uno de mis paseos, recordaba tiempos infantiles cuando mi padre arrendó una imprenta modesta donde se imprimía, casi de manera artesanal, el semanario deportivo “Guiniguada”. La imprenta estaba en la calle de San Justo, una calle histórica porque daba a una explanada por la que se accedía al lecho del barranco donde, en improvisado terrero, se disputaban tardes de lucha. Para ver estas luchas, el público acudía en masa y se acomodaba en la barrandilla del Puente de Piedra o sobre los quitamiedos, que bordeaban el barranco Guiniguada.  

Y esa foto, del amigo Álamo, muestra una agarrada en la que participa uno de los luchadores más airosos, que ha tenido nuestro vernáculo deporte de la lucha canaria: “El viejo Camurria”. Un luchador de talla media y unos 80 kilos de peso que, al decir de quienes lo vieron en su mejor época, se agigantaba sobre el terrero. Sus actuaciones eran auténticas lecciones de maña, sabiduría. Nada se le escondía de la lucha canaria. Cada actuación, se convertía en auténtica exhibición. Era el “As” de moda y ejercía. Agarró con los mejores luchadores del momento y brindó grandes tardes de lucha. Para él, la lucha no tenía secretos. Fino, elegante, resuelto, con amplio sentido del humor, como ya relaté en aquel tremendo desafío entre él y el Faro de Maspalomas, en la Plaza de Toros de Santa Cruz de Tenerife... (que pueden volver a leer, en https://www.etnografiayfolclore.org/2009/10/del-historico-enfrentamiento-entre-el.html ) 

Yo lo conocí en Tenerife, ya retirado de los terreros, hablamos de lucha y me confesó: “Cuando yo salía a luchar, tan solo con ver caminar a mi contrario, sabía cómo tirarlo.” 

Por eso, por el cariño y el respeto que se le tenía, cuando decidió abandonar los terreros, lo hizo entre lágrimas, recibiendo el cariño y el reconocimiento del público... 

“Camurria”, fue un luchador genial de esos que ya no se estilan. 

ALFREDO AYALA OJEDA

sábado, 29 de febrero de 2020

EL POLLO TRAVIESO Y EL GATO BURLÓN

Ayer, tenía cita en el hospital de Gran Canaria, Dr. Negrín. La cita, estaba concertada en una hora inapropiada, de esas que te parten el día y te deja con cara de simplón. Una vez terminada la revisión, de regreso a casa, decidimos que Lydia mi mujer y mi todo, aparcara el coche en el garaje mientras que yo, aprovechando que tengo que caminar diariamente, fuera a comprar un pollo y unas papas.  

Hoy, al pollo, no se le da importancia, pero tiempo hubo en que comerse un pollo era manjar solo de algunos ricachones... Aunque también estaba a golpe de imaginación y sueños de “Carpanta”, que en sus viñetas día sí y día también, soñaba con un musculoso y tentador pollo asado... Pero llegaron los cambios, el progreso... y el pollo no solo es lo más barato, sino también lo más socorrido... 

Despacito hice mi cola en el asadero, hasta que me atendieron. Compré un pollo y una ración de papas. Pagué religiosamente y al golpito, me encaminé hacia mi casa. Al llegar, la bolsa con el contenido de la compra, la puse en la encimera. Esperamos a la niña de la casa, que viene llegando al filo de las 15 horas,  aleguetié con mi mujer de lo divino y lo humano, mientras “Dafne” nuestro gatito y “Chanel” la perrita, mantenían una acalorada disputa.  


Suelo, a esa hora, ver “El Chiringuito” para ponerme al día en el deporte. Un timbrazo, era la niña que acababa de llegar. Lydia, preparó el agua y los refrescos y de pronto una pregunta recorrió el pasillo y me golpeó en el tino: -“¡Alfre! ¿dónde está el pollo?  

-En tono coñón le dije: No lo sé. La última vez que lo vi, estaba pavoneándose por el pasillo...” 

-Déjate de bromas y dime donde está el pollo.  

-Caliente, le respondí: ¡En la bolsa, junto con las papas!... 

-Aquí no hay pollo, solo papas... 

-Coño, me fui derecho a la cocina y enseguida me di cuenta que el pollo, había volado.  

-¡Joder!, me despacharon las papas, me cobraron el pollo pero no me lo pusieron...  

-Salí "eslapao" para el asadero.  

-Le conté el caso a los dependientes y me dijeron: "Es que ya, no nos queda ningún pollo... pero el pollo, seguro que se lo di" 

-Sí claro, me lo diste, se me escapó de la bolsa.... Anda, anda. Devuélveme el dinero y dame alguna cosa para escapar de esas que tienes en el expositor. Compré calamares, arroz con pollo, ensaladilla y unas albóndigas... Y ahora, les pregunté como recupero el dinero de ese pollo que se evaporó. La empleada que se desvivió para atenderme, me dijo, no le puedo devolver el dinero hasta que compruebe que efectivamente, no le di el pollo y eso lo hacemos por la noche, al cierre. Primero revisamos las imágenes y en ellas, se verá el resultado... 

Caliente como el cenicero de un bingo de los de antes, devoramos en casa lo que traje... 

Por la tarde-noche, mi hija, "descojonada" viene con un plástico transparente y el pollo que habíamos puesto en busca y captura.... 

En tono irónico, coñón, me preguntó: ¿Es este el pollo, que estabas buscando? 

-¿Dónde estaba? 

-En mi habitación, debajo de mi cama, y así, de mordisqueado. El gato, a reventar, casi sin poder moverse, relamiéndose y más feliz que una perdiz, me miraba a la vez que se aflojaba el cinturón, para liberar su oronda barrigota. Tenía, apariencia de pez tamborín y mirada de infinita gratitud y parecía decirme ¡gracias por el regalo...! 


El gato, seguramente, atraído por los olores, al no poder resistir la tentación, se subió a la encimera, trincó su pollo y se fue a la habitación de la niña, a saborearlo... 

El resto de la tarde-noche, el gato, sabedor de lo que había hecho, estuvo escondido, lejos de la vista de la familia. Incluso, creo que acarició la idea, de aprovechar estas fechas carnavaleras y salir a correr el carnaval... 

¡Qué vergüenza!. ¡Con la que armé en el asadero!. Mañana, desde que amanezca, iré a pedirle disculpas, al personal del asadero... 

Así lo hice, conté la historia con todo tipo de detalles y todo, al final terminó con una sonora carcajada... 

ALFREDO AYALA OJEDA

domingo, 23 de febrero de 2020

AQUELLOS FELICES AÑOS SESENTA

Tiempo hubo en que las noches y los días se juntaban. Eran tiempos de juventud que nos hacía pensar, que nunca llegaríamos a ser mayores... Que éramos eternos... Tiempos que ni se olvidan, ni se recuperan.  Tiempos que, como a trasmano, quedan momentos de muchas penas y escasas alegrías. Tiempos de “jalar” del chinchorro, de fútbol playero... 

Lejanos quedan grabados en la memoria, aquellas colas de racionamiento, el pedir el “templete” en Canarias y “el sustancioso” en la península (hueso que se prestaban entre vecinos para darle algo de sustancia a la comida). Tiempos de aquella Ginebra asustá, con el rabo caliente de una cuchara de aluminio, para curar las madres o “el caldito de pichón” cuando se tenía en casa a alguien delicado de salud… Embargo, eran tiempos que pasaban volando y, de camino, poniéndonos en la auténtica realidad. 

Algunos disponíamos de algunas "perrillas" para ponernos algo de brillantina en el pelo y presumir como un niño “litre” entre la pollería... Eran momentos de improvisación... Recuerdo aquellas muchachitas de buen ver, en las “reuniones” que se celebraban en las azoteas que se fijaban el pelo con cerveza y después, cuando el calor y el sudor hacían su aparición, cualquiera se acercaba... El saborcito de aquel membrillo, que mordisqueabas y lo tirabas al mar, para que se fuera endulzando. 

Empezaba a enderezarse la clase media, llegaba la última moda “la minifalda”, tuvimos conocimiento de que el sur de la isla existía y hasta algunos tenían un Seat 600, que les permitía moverse a conveniencia. El turismo, era el milagro del momento. Se respiraban otros aires y al soco del turismo, pues siempre afloraba la posibilidad para tener algún dinerillo. Yo, por ejemplo, sabía que la moneda inglesa, era más barata que la libra en papel y me recorría los hoteles buscando las monedas que, después, en los barcos ingleses que recalaban por la isla, como tenía acceso a los buques ingleses, pues me acercaba y cambiaba mis monedas por papel y sacaba unos buenos beneficios... 

Se estudiaba lo justo y nos divertíamos a lo grande. La noche, tentadora, abría las puertas de par en par y allí aparecíamos los asiduos dispuestos a ligar con una sueca, inglesa o alemana. En esa época, estaba todo por hacer. Se era aprendiz de todo. Tu padre era carpintero, pues el hijo era ayudante para aprender el oficio... El campo empezaba a abandonarse a cambiar el arado o el sacho por la bandeja... Había trabajito, corría el dinero y los que disponíamos de esos “posibles” pues estirábamos la noche y nos íbamos de ligoteo a Las Cuevas, Pinito del Oro, Altavista, el Saxo, “El Búho”, “El Tam Tam”, o a los bailes de asalto y verbenas...  

Pero, claro,  hay imágenes que no se olvidan y que me acompañarán hasta la tumba,  como aquella ocasión que en la Playa de Las Alcaravaneras vi a Pier Angeli, a Silvana Pampanini, Eddie Constantini, Gregory Peck, y a Ava Garner en el Hotel Santa Catalina... 

Pero también había guitarreo. Una tarde, hablé con mi hermano para que cubriera mi trabajo, durante un par de días. Nos habíamos juntado unos amigos. Estábamos "enralaítos"... Con todo dispuesto llegó mi hermano y me dijo que le había salido un “compromiso” ineludible, que estaba como para “mojar pan” y que no podía dejar pasar la ocasión de saborear a semejante monumento, que la naturaleza argentina había moldeado durante tantos años. Así que me borré de un plumazo de la pandilla, me quedé en tierra y el resto de la gente arrancó con rumbo a la vecina Fuerteventura... Me contaron que llegar y arrancar para el Cotillo fue de una tacada. Allí les esperaba un viejo amigo, que al decir de todos era “un pura sangre”. De esos que no se arrugan por nada y que solía decir que todo para él, era llano. Vivir al día. Era pescador.  

Tenía un bermeano y montaron un asadero, mientras las sardina s iban cogiendo colorcito y aromatizando el ambiente, dio toda clase lecciones sobre la carnada viva,00 que estaba en el barquito de pesca y como se metía en la faena cuando llegaba la zafra del atún.  Pero las copas son el demonio y las porfías, cuando el alcohol aparece, se sabe cómo se empieza y no se sabe cómo termina.... 

Uno hizo una simple pregunta... Con este barquito, se puede llegar a Venezuela?... 

-¡¡Claro!! 

¿Y cómo se llega a Venezuela?. ¿Por donde hay que ir...?¿Se tarda mucho? 

Las preguntas, le llegaban en cascada... 

-Pues hay que poner la proa... 

Uno de ellos lo picó: Tú, ni sabes llegar, ni tienes los arrestos suficientes para poner rumbo a Venezuela. 

No hubo respuesta. El silencio, se adueñó de todo. Pero el barquito cada vez más se iba alejando de la costa... 

Entonces, afloró la preocupación... ¡Coño este tío es capaz de llevarnos a Venezuela...! 

Se le imploró. ¡Coño! ¡Vamos pa´ tierra!.  

No. Ahora, vamos a Venezuela... 

Una hora larga navegando a mar abierto estuvieron con la proa enfilando a la generosa Venezuela... Al final, emprendimos el regreso... 

Maestro Gregorio, que así se llamaba el patrón del bermeano, antes de amarrar el barquito les dijo... “Ya que estamos aquí podríamos ir a la Isla de Lobos, a comernos una paella... 

Pero uno de los componentes de la pandilla, nada más pisar tierra firme largó la famosa frase de Jaime Marrero: ¡¡¡ Más nunca!!! 

ALFREDO AYALA OJEDA

domingo, 9 de febrero de 2020

OTRO ENCUENTRO CON LOS “CACOS”

Siguiendo con esa línea de tropiezos, que hay que pagar, por hacer los trabajos en la calle, recuerdo aquella otra ocasión, en que habíamos preparado la serie musical “PUNTO DE ENCUENTRO”, que tendría por escenario, el interior de las Grutas de Artiles, en el mismito corazón, del municipio de Santa Brígida.  

Habíamos concertado intervenciones con “Manzanita”, “Marisol”, “Caco Senante”, “Los Chunguitos”, “El Gato Pérez”, Arévalo, “Los Panchos” etc.  

Los programas, con intérpretes de primera línea, lograban una buena respuesta de audiencia y se tenía, además, el objetivo solapado de mostrar nuestras islas como un plató, donde se podían grabar distintos tipos de espectáculos.  

Una noche, en plena grabación, nos quedamos a oscuras. Aparecieron un montón de linternas, para localizar el motivo del apagón. Recorriendo el extenso tendido de cables, llegamos a un lateral del jardín, en plena calle, donde habíamos puesto un motor auxiliar... Cuál no sería nuestra sorpresa, que el motor que nos generaba la energía de situación, había desaparecido. Solo quedaba el cable, con su enchufe.  Uno de los camareros nos puso en pista... Yo vi un coche pequeño - creo que era un mini, parado, sin luces y escuche unas voces... pero quién iba a pensar, que desengancharían el motor y se lo llevarían... 

Al poco, apareció la guardia civil y la municipal. Otro de los empleados, casi balbuceando dijo: “Aquel almacén que parece abandonado, cada vez que salgo a fumar, encuentro cierta y sospechosa actividad... 

Alguien se envalentonó y sacando pecho dijo: “yo le pego una patada a la puerta y salimos de dudas”. Los agentes de la autoridad lo calmaron. Eso no podemos hacerlo. Vamos a informar y después actuaremos... 

Dicho y hecho. Amanecía. Había pasado un montón de horas y estábamos rendidos. Al final apareció alguien, que facilitó la entrada al almacén. Se abrieron las puertas y dentro, casi entongados, estaban un gran número de coches “mini”, unos desmantelados, otros impecables... 

Y allí, casi en la puerta, el motorcito que nos arruinó una noche de trabajo.  Les dije, a dos de los auxiliares, que lo cogieran y la autoridad lo impidió.  

Tardaron días en devolverlo. Terminé en el juzgado, porque el almacén era un lugar donde los amigos de lo ajeno, tenían como laboratorio, depósito y reparación de los robos, de los coches de esa marca y cobrar por “su” trabajo. 

Fueron varios, los responsables, de este “negocio” bien montado y que dieron con sus huesos en Barranco Seco”. 

Llegaba el cliente, a este taller de especialistas de “mini”, le diagnosticaban la avería, le robaban las piezas a otro coche, le cobraban, hacían ficha para quedarse con todos los datos y así, cuando necesitaban alguna pieza, iban en su busca y lo desmantelaban. 

ALFREDO AYALA OJEDA

viernes, 7 de febrero de 2020

EN LA MAR Y SIN REMOS

Andar por esos mundos de Dios, grabando programas y viviendo fuera de casa, la mitad de la vida, deja muchísimos momentos, en los que agarras unas calenturas del carajo o unas satisfacciones de escándalo. Hoy, cuando tengo la vena humorística cargadita, suelo ponerme a escribir algunas de esas vivencias... 

Una de ellas, tiene por escenario la isla de La Palma, concretamente, Tijarafe. Tijarafe, significa frescura o sombra. Es tierra de inmensos pinares, que se alongaban hasta el abismo de los acantilados. Tanto es así que, hasta no hace mucho, su principal fuente de economía era el carbón, la brea, los horcones.  

Andar por esas tierras de bendición, es como adentrarte en el pasado. Un día, con la intención de hacer uno de los capítulos de la serie etnográfica “Senderos Isleños”, nos habíamos citado, en mitad del monte, con una familia que entre otros cometidos, se dedicaban al carbón y varas para los tomateros. También, en los tiempos muertos, estaba en nuestra agenda, entrevistarnos con una afamada repostera de la zona. Tal era la cantidad de material que llevábamos que, por cuestión de comodidad, decidí alquilar dos casas rurales que estaban ocultas entre la inmensidad de los altos pinares.  Éramos, un reducido equipo de Televisión Española: Un realizador, un cámara, un ayudante y yo.  

También, habíamos alquilado dos coches. Era noche cerrada, cuando llegamos a las casas rurales. Disponíamos de lo mínimo para pasar la noche: café, agua, algunas galletas, chocolate y paquetes de papas. Mientras picábamos algo, preparamos los planes de trabajo para el día siguiente, porque a primerísima hora teníamos previsto vernos con la repostera, para hacer un documento de la riquísima variedad de repostería de la zona.  

A primera hora – yo suelo dormir deprisa- Al alba, preparé una buena cafetera y salí de la casa rural a fumar un cigarrillo, ver cómo se va despertando el campo y saborear el humeante cafetito. Me arrepolliné en el coche y puse la radio para estar informado.... Al rato, miré el reloj y me apuré a levantar a los compañeros, porque se acercaba la hora de la cita con la repostera... 

Todos en pie, salimos de las casas, cuando vimos que, camino arriba, llegaba nuestra invitada... Nos saludamos, le ofrecí un café que no aceptó y le dije... ¡Nos cogió saliendo! ¡Íbamos en su busca... ! 

¿Con esos coches?, me dijo 

-¡¡Claro!! 

Pues tendrá que ponerle las ruedas, porque ninguno las tiene... 

Nos habían robado las ocho gomas y calzaron el coche con unos bloques. Los amigos de lo ajeno, nos dejaron tirados en aquel descampado... Sin teléfonos, sin cobertura... Vamos, en la mar y sin remos... 


Al final, terminamos acercándonos al puesto de la policía y denunciando el caso. Siempre, -nos dijo alguien que también aguardaba para presentar una denuncia-, estos robos suceden de madrugada y en estas mismas casas rurales que, están casi perdidas entre los pinos, lejos de las miradas de curiosos. A los cacos, solo les interesan las gomas y las llantas.  Seguramente, tienen un encargo de alguien y esperan que llegue el momento. 

Allí dejamos los coches subidos sobre los bloques y, siguiendo las instrucciones de nuestra artesana, emprendimos  camino hasta una ventita que, al decir de nuestra invitada, tenía teléfono.... Llamamos un taxi y nos fuimos al puesto de policía... Para jincarle unas gotitas de humor le comenté al agente: “Es lo que tiene de bueno moverse en coche alquilado; nunca te roban a ti, sino a quien lo alquila..."

ALFREDO AYALA OJEDA 

jueves, 30 de enero de 2020

A JUANA MARÍA TORÓN, MISS NACIONAL 1.966

Poco a poco, como a cuentagotas, pasaban los años. El pasado, la guerra, las penurias iban quedando atrás... Corría 1.966, cuando Manolo Santana, conquistaba en la mismita Gran Bretaña, el título más importante del mundo: Winblendon. Era el primer español que se calzaba tan preciado galardón... También el Ministro Fraga Iribarne, se bañaba en Palomares para demostrar a la población que sus aguas no estaban contaminadas... Manolo y Ramón “El Dúo Dinámico” conquistaba el festival de la canción del Mediterráneo, Manuel Benítez “El Cordobés”, anunciaba su regreso a los ruedos después de recuperarse de una lesión, en una de sus manos. A la corrida de presentación asistieron numerosas personalidades como Jackelin Kennedy, a quien le brindó un toro, así como Orson Welles y Estrellita Castro; el Real Madrid, ganaba su VI copa de Europa al vencer al Partizan de Belgrado... Raphael, hacía su presentación con el tema “Yo soy aquel”. También, en ese mismo año, Mary Quant, ponía de moda la breve “minifalda”, que causó sensación entre los jóvenes... 

Pues en medio de este 1.966, pleno de inquietudes, una gran canaria, natural de Tenoya, se presentaba en Salou Pinos del Mar, para deslumbrar con su serena belleza, a ser la más guapa del país. Durísimo trabajo, tuvieron los componentes del jurado que tras distintas votaciones se inclinaron por la andaluza Paquita Torres (Miss España) y como Miss Nacional, el titulo recayó en nuestra paisana Juana María Torón. El galardón de Miss Nacional llevaba aparejado una cantidad 25.000 pesetas de la época. Importe que daba para mucho. 

Foto: Juana María Torón

Yo la conocí, antes y después de su aclamación. Recuerdo tener una cita con ella, en el Periódico El Eco de Canarias, donde se me había encargado hacerle una entrevista... Cuando estábamos sentaditos y dispuestos, surgió un suceso en las “Cuevas del Provecho”, en Mata, donde una criatura resultó muerta. Le dije que me acompañara a cubrir esa información y que por el camino iríamos hablando. Así fue. Me esperó en el coche. Cuando terminé el trabajo, regresamos al periódico. Inmediatamente, me puse a escribir el suceso y le pedí a Juan Santana, compañero de redacción, que hiciera la entrevista a Juana María.  

Con Juana María, andando el tiempo, volví a coincidir en “Tenderete”, programa de televisión que dirigí a finales de los 90 y en “Bolero”, en el Cuasquías...  Dejaban huella sus ojos: grandes, dulces, de serena mirada, cautivadora sonrisa y, sobre todo, muy buena gente... Un año antes, en 1.965, resultó elegida Miss Nacional, otra belleza isleña: Fela Roque, quien trabajó en el cine junto a Robert Taylor, en la película “Pampa Salvaje”... Recuerdo aquella ocasión en que me habló, de manera natural de su delicado estado de salud, con el que mantenía una lucha, que se dilató en el tiempo. 

Hacía algún tiempo que no coincidíamos y hoy, de sopetón, me encuentro en La Provincia, la triste noticia de su fallecimiento. 

Descansa en paz querida y guapa amiga. 

ALFREDO AYALA OJEDA