lunes, 2 de septiembre de 2019

A DOMINGO RODRÍGUEZ RIVERO, "EL HURÓN"

Ayer, sin más, recibí una mala noticia. Seca... escueta. Valgan verdades, me dolió en lo más profundo de mi alma. La noticia, procedía de la isla de La Gomera: “Domingo Rodríguez, popularmente conocido como “El Hurón”, había fallecido, a los 94 años... 

Recuerdo perfectamente, aquella tarde noche en que lo conocí, de la mano de mi amigo Antonio Acosta “El Puncha”, quien atendiendo una petición que le hice, para que me localizara solistas en la isla de La Gomera, me presentó a un señor, bajito, huesudo, trajeado y tocado con un sombrero gastadillo por el paso de los años y el uso. Era, Dominguito Rodríguez Rivero. Llegaba con una sonrisa de oreja a oreja, "privao" su juicio, endomingadito, picando unos 80 años, pleno de energía y desbordando alegría. … 

A la vuelta de cada desplazamiento, el Puncha, me soplaba un nombre... Una vez, me dijo ahí te va otro buen ejemplar: Cecilio Aguilar. Te puedo decir que es un todo terreno: folías, malagueñas, isas y, además, tiene buenas dotes para una porfía de polcas piconas o de dos rombos... No se equivocó el amigo Puncha, Cecilio, era un puntal y por ello, en repetidas ocasiones lo invité a participar en “La Bodega de Julián”... También memorizo aquella ocasión que, en el mismo corazón de la capital gomera, coincidieron, con motivo de las fiestas lustrales del 2005, Domingo Rodríguez y Cecilio Aguilar.  Pero también Dominguito participó en otras Bodegas de Julián, que se celebraron en Gran Canaria, en el Real Club Victoria y enTegueste, Tenerife. 

Foto: Alfredo Ayala y Domingo "El Hurón"

Domingo, era, y se lo dije, de otra "echaúra". Tenía temple, estilo inconfundible y era un amigo de ley. Otras veces, en su isla coincidimos. Siempre estuvo cercano. Era lo que había aprendido de sus padres y era lo que transmitía... Pero ayer, como decía el inolvidable Juan Quintana “El Claca”, se le acabó el vivir... Se apagó su voz y se perdió un valioso archivo. 

El sepelio en Playa de Santiago, fue como un homenaje. No faltó la música de la tierra y las folias al recuerdo, lo acompañaron. 

Decía el poeta: ¡¡que solos, se quedan los muertos...!!  Pero tú, no. Tu estarás siempre acompañadito, armando la parranda en el paraíso... 

Descansa en paz querido amigo. 

ALFREDO AYALA OJEDA

lunes, 8 de julio de 2019

VALENTÍN GUANCHE, HASTA SIEMPRE AMIGO

Hace muchos años, cuando se retomó el programa Tenderete tras diez años de ausencia, Nanino, Juan Martínez, y yo nos dispusimos a realizar distintas localizaciones de intérpretes por diferentes partes del Archipiélago. Teníamos muchísima ilusión, en volver a poner en marcha el emblemático programa. Había cambios. Cambios sustanciales. Antes, del 71 al 73 se emitía y grababa en blanco y negro y ahora (1.983) acababa de llegar el color, nuevas dotaciones de microfonía y un plató que colmaba las exigencias del equipo. Aquí, podíamos ensayar sin molestar a nadie. Teníamos unas amplias oficinas, comedor para atender invitados y una amplia zona de aparcamientos. Nos valía que en esa época la Feria del Atlántico estaba pasando un momento delicado y aquellas naves estaban, por esos momentos, a nuestra entera disposición. Había que hacer obras pero eran escasas... Se diseñó un decorado, con la impagable colaboración de Pepe Dámaso. Fue el mayor decorado de la historia de la tele en las islas y en esa simulación de un traspatio canario, había que meter tres palmeras de yeso que tuvieran apariencia de realidad, encargar mesas, sillas, etc.  

En una de esas recaladas saboreamos unos vinos en Arafo, cuando irrumpió en el barcito el amigo Valentín Guanche. Nos conocíamos desde hacía tiempito y el abrazo fue enorme. Nos sentamos y compartimos mesa y mantel. Valentín, ya sabía del movimiento que había en torno a la vuelta de Tenderete y se ofreció gustoso. ¡Coño si yo estuviera en Las Palmas, les echaría una mano!... 

Valentín estaba dedicado a la construcción y siempre con nosotros y con el programa, tuvo la mano tendida. No te preocupes Valentín. Tu prepárate para "jincarte" unas folías o lo que quieras. Incluso, una ranchera... Risas. 

Y así fue. Valentín siempre estuvo en nuestra consideración. Murió Nanino, pero yo le seguí brindando todo el cariño del que dispongo. Unas veces de solista, otras con el grupo Medianías de San Andrés o con su grupo mejicano. 

Valentín siempre estuvo dispuesto. Unas veces, me sorprendía diciéndome, vi un solista en Teno, que aquí tengo el teléfono para que lo invites. Valentín, vivía y sentía el folclore en toda su amplitud. 

Al tiempo yo cambié de aires. Pasé de Televisión Española a Televisión Canaria y como siempre vinculado al folclore. Y allí, como un solo hombre, estuvo Valentín Guanche.  

Un día, en la Bodega de Julián, cumplía años la productora del programa y coincidía con la actuación de Valentín Guanche y su grupo mejicano. Le dije que le dedicara uno de los temas y Valentín gustoso, se arrancó, le brindó el tema y la tocó con el sombrero de charro. Así era Valentín. 

En otra ocasión, quise montar en Fuerteventura, un programa donde las polcas tuviera mucha presencia. Para ello, invité de distintas islas, a numerosos solistas entre ellos Valentín. El programa fue muy sonado y después de la emisión todavía continua en Youtube donde ha superado el millón de visitas. 

Hoy, enterado de su reciente fallecimiento, haciendo de tripas corazón, no me queda más que recordar los felices momentos vividos y conservar el grato recuerdo de un amigo de verdad y todo un puntal referencial de nuestro folclore. 

Descansa en paz querido amigo.  

ALFREDO AYALA OJEDA

domingo, 7 de julio de 2019

APUNTES SOBRE TRADICIONES EN LA VÍSPERA DE SAN JUAN

Tengo, qué quieren que les diga, una deuda contraída con los Yerberos. Todo empezó, cuando en cierta mañana, en el Caidero de Gáldar, conocí a una familia , que cultivaba y recogía distintas hierbas medicinales. Por ese entonces, alguna que otra tarde, pasaba por su casa-cueva y me largaban una tremenda retahíla de nombres y propiedades, de distintas hierbas beneficiosas para la salud.  Algunas, me comentaba, las cultivaba en sus huertitos. Les encantaban darme explicaciones, sobre las hierbas y las enriquecían  con distintos dichos que había aprendido de sus padres por transmisión oral o en contactos con otros yerberos.  Ella, parlanchina, encantadora, superaba los setenta años, pero su vitalidad era tremenda... A cada momento, soltaba una de esas frases... “Esto es Sándalo y con Sándalo, miel y limón, se ayuda el corazón”... y tras soltar la frase, se quedaba feliz y contenta... Una de esas tardes, le conté que yo era diabético y que por todos los lugares que recalaba todos me soltaba el remedio yerbero para curar la diabetes: 


Tómese agüita de Pamplina... Hágase un zumo de Pepino... ¿Ha probado los tunos indios o la Pita Zábila?  
No. Me respondió con rotundidad... Hágame caso... y me soltó el dicho:  “Hierbas amargas, la vida alargan.”  

Al tiempo, recordaba a otro yerbero de respeto: Enriquito Cáceres, de Gáldar él. Con el que recorrí el lecho de los barrancos, las crestas de la montaña y numerosas veredas y camino. También, en Radio Drago, fui testigo ocasional de la sabiduría de este tremendo personaje que atendía en directo a cuantos vecinos solicitaban información sobre remedios. 

Recuerdo como ahora mismo, la víspera del día de San Juan. Previamente, habíamos concertado una cita y desde muy temprano, nos pusimos en marcha en busca de distintas plantas medicinales.  Pronto, el libro de sus saberes se puso en marcha: “Este es un Oroval. Es una planta muy valiosa. Tanto que lo dice su nombre Oro-Vale...  


Empezaba a despuntar el día... “En estas primeras horas, me contaba Enriquito, las hierbas con el sereno caído durante la noche, enriquece sus propiedades medicinales... Dicen – me añadió- que existe la creencia que las hierbas recogidas en esta corta noche del año, como el hinojo, ruda, valeriana, menta, logran buenos efectos en temas de quereres y amores... Se dice sobre el hinojo: “Quien ve el hinojo y no come de él, muere de amores y no sabe de qué”... También sobre la ruda “En casa donde hay ruda, no muere criatura” o este otro “En casa donde hay ruda, Dios te ayuda” y existe hasta uno combinado: “Hinojo y ruda, hacen la vista más aguda”... También sobre la menta: “Tomar menta, el amor aumenta”. 

Dicta la tradición que la víspera de San Juan nos invita a romper con lo viejo, con el mal de amores. Es tiempo de renovación. Para ello, dos elementos juegan un papel principal: agua y fuego. El fuego purificador que destruye y consume el pasado... Después, el agua a través del beneficioso rocío, es quien termina con la acción y efecto de devolver al cuerpo y alma la limpieza total. 

También, esos efectos sanadores se efectuaban en la última quincena del mes de junio. En esas fechas una o varias cabras se apartaba del ganado y sólo se les permitía alimentarse de las hierbas de la zona. No recibían otra alimentación, ni un puño de millo, ni otro preparado. Así, cada día se iba ordeñando y almacenando la leche hasta que llegado el momento la leche se metía en un odre y se mecía hasta lograr una especie de grasa compacta que servía para aliviar dolores estomacales. La leche que daban estas cabras estaban enriquecida con los beneficios propios de las propiedades de las hierbas en esta época del año. 

Exactamente ocurre lo propio con las olas del mar, que vienen cargadas de efectos fertilizadores. Por eso, los baños de los animales en las aguas de nuestras costas purifican y tonifican. 

En fin, la víspera de San Juan, está repleta de distintas tradiciones. Unas acunadas en las islas, desde hace muchísimo tiempo y otras, llegadas desde otras parte del mundo, que han quedado aquí para siempre.   

ALFREDO AYALA OJEDA

viernes, 7 de junio de 2019

”GENERACIONES”, UN “TENDERETE” DE VERDAD.


Tenderete, es tanto de todos cuantos habitamos en las islas, cómo de otros muchos que lo esperan y lo sienten, lo viven y comparten más allá de nuestras fronteras. A mí, con Tenderete, programa al que estuve ligado más de tres décadas, me pasa lo mismo que con nuestra Lucha Canaria. Muchas veces, cuando aparece un luchador excepcional acudimos a las luchadas sabiendo de antemano el resultado. Sin embargo, cuando sale algún gallito y vence al favorito disfrutamos de la gesta y le damos el valor justo a la esencia de la lucha: el chico ante el grande. 


También, retumbaba en mi cabeza, mientras esperaba impaciente el inicio del clásico programa de música popular aquel poema de Manuel Machado titulado: “LA COPLA” 

Hasta que el pueblo las canta, 
las coplas, coplas no son, 
y cuando las canta el pueblo, 
ya nadie sabe el autor. 

Esta copla, aunque su origen es andaluz, suele cantarse en nuestras islas... Es una copla, que encierra hondura y verdad. Tanta verdad como el programa más longevo de TVE, en Canarias: “Tenderete”. 


Me "arrepolliné" en el recibidor, puse el volumen adecuado y los sentidos dispuestos... Pocos intérpretes en el plató... una guitarra de lujo, Juan Pérez Brito, un par de lapas, un timple que en las manos del “Colorao” enamora y mimo exquisito en los componentes. El título, lo decía todo: “Generaciones”... Generaciones que se unían en torno al folclore. Unas generaciones que retomaban los aires de las islas y unos cantadores de hoy, de ayer, de antier... Un Juan Machín, (103 años) "endomingadito", sin florituras, espontáneo fiel al estilo aprendido o heredado de generaciones anteriores... Juan Machín, se echó la camisa por fuera, bailó y cantó sin necesidad de gorgoritos y con su impronta,  demostrando que el folclore, el de verdad, no necesita adornos, ni tampoco estridencias, ni "esperríos", nos erizó los pelos... Fue, valgan verdades, como un regreso a aquellos primeros años de Tenderete, en que se suplía la carencia de medios técnicos con la autenticidad de tocadores y cantadores... 

Pletórico Ciro Corujo, con estilo envidiable, con magisterio, acompañado de su hija Mercedes (9 años), en una sentida y exquisita interpretación del tema “Mazurca para Gáldar” del folclorista galdense, José María Gil... 

O el polifacético barbero, rapsoda, tocador de lapas, timplista, cantante y amigo Antonio Corujo, qué con sus 85 años, continúa metido en estos berenjenales interpretativos. Siempre, relatando las coplas del “Salinero” o sorprendiéndonos con páginas de la constante del isleño: la emigración. 

Y un espléndido ramillete de savia nueva, que se va afianzando: Las hijas del Colorao Ayla y Julia, por su naturalidad. También a la cálida voz de Izan Ortega... o Domingo  "El Cuco" ejerciendo de cantador y repentista. 

Entrañable el verídico  relato de la travesura de unos chiquillos que, en plenas fiestas del pueblo de Tetir, soltaron un burro y que El Colorao, ha aprovechado para convertir la "mataperrería", en una divertida Berlina Majorera... 

Podría seguir escribiendo sobre este programa de Tenderete pero creo que lo mejor, es que si ustedes no lo han disfrutado, que lo busquen en TVE a la carta y localicen el programa emitido el día 2 de Junio de 2019. 

Mis felicitaciones a “Generaciones”, por brindarnos una bocanada de aire fresco cuando todos, sin excepción, parecen empeñados en  cambiar autenticidad por espectáculo. 

Mis felicitaciones a Cipriano, Feluco, Raúl y cía.

ALFREDO AYALA OJEDA

domingo, 21 de abril de 2019

LOS PASTORES SON DE OTRA RAZA

“Cada vez que muere un pastor, desaparece un ganado”, decía Pepe “El de Pavón”, a modo de sentencia... La frase, tan cierta como contundente, me traía el recuerdo otra del gran Atahualpa Yupanqui: “Por qué la tierra será de quien no sabe sembrar...”  Son frases lapidarias de las que poco o nada hemos aprendido... “Arar, sembrar, esperar...”, ahí tienes mi vida toda, diría el profundo lamento del campesino y el agricultor.  

Hace unos días, a comienzos de mes de abril, Pepe Mendoza “el de Pavón”, una de las “razas” de prestigio y consideración en las medianías de Gáldar, volvía, -como todos los años- a su vivienda habitual: Al Cortijo de Pavón. 

Regresaba, acompañado de su familia y ganado, después de una larga estancia en La Cruz de San Antonio. Es el normal movimiento de ganado que, espoleado por la necesidad de ofrecer unos pastos frescos, el pastor efectúa cuando en las tierras próximas a su vivienda habitual, están agotadas... 

Varias son las “razas” que pastorean en la zona: Los Moreno, Los Gil, pero el más numeroso es el Pepe Mendoza, que cuenta con unas 600 aproximadamente.  


Tuve la fortuna relativa, de acompañar y vivir la larga estancia trashumante, de Pepe. En ese periodo que de estancia fuera de sus tierras y propiedades, poco o nada cambia en la vida familiar del pastor... Los niños, se quedan en casa de un familiar para no desatender los estudios... La madre, ordeña, elabora el queso, lo reparte entre los distintos clientes, atiende los temas administrativos y regresa a su vivienda habitual. Día tras día, anda y desanda el camino, unos 40 kilómetros más o menos... Durante esa larga estancia, suelen recibir visitas de otros pastores y familiares que les traen noticias y brindan un deseado acompañamiento... Así, con estas visitas se corre la voz de cuando hay que empezar a la trasquila y se interesan por la salud y la situación económica de otros pastores. El pastor y su mundo, no dejaba de sorprenderme... “Si alguna vez algún pastor pierde su ganado por una desgracia, todos arrimamos el hombro con lo que podemos hasta sacarlo a flote... También ese comportamiento nos acompaña a todos los pastores. Yo, decía Pepe, tengo toda la información precisa sobre cualquier pastor de la isla. Así, cuando se avecina el momento de la trasquila, apalabramos fechas y ponemos en marcha un código de ayuda mutua muy sencillo: “El hoy por ti, mañana por mí”.  Eso nos sirve de vínculo invisible que estrecha lazos entre los pastores... Por acudir a la trasquila, el pastor no recibe ningún tipo de compensación. Solo el agasajo de matar unos corderos y atenderlos con la comida y bebida, que precisen. 


Cuando el pastor deja su vivienda habitual y se establece durante un tiempo en otro punto, debe corresponder al propietario con lo estipulado. Normalmente es unos quesos, algún cordero o leche cruda. 

La última ocasión en que realicé el recorrido de regreso junto a Pepe y su rebaño, caminamos por Las Arbejas, Las Peñas, Pinos de Gáldar, Lomo del Palo, Galeote, Caideros, hasta llegar al Cortijo de Pavón.  

Al regreso, el panorama, claro, era otro muy distinto. Las lluvias habían refrescado las inmediaciones de Pavón y ya se apreciaban las largas orejas del millo y los brotes de alfalfa. Una buena temporada de comida para el ganado,  estaba en proceso. 

El pastor, llego a la conclusión, que solo es rico en esfuerzo, y en problemas. Hacer su trabajo con tantos inconvenientes es un sinvivir. 

Cuando realizas este recorrido junto a los pastores comprendes esas frases lapidarias: “Cada vez que muere un pastor, desaparece un ganado” o aquella otra a la que hacía referencia: “Por qué la tierra será de quien no sabe sembrar”.  

ALFREDO AYALA OJEDA 

sábado, 6 de abril de 2019

“EL CAPI”, SENTIMIENTO AMARILLO

Mi padre, Antonio Ayala, Jefe de deportes del desaparecido periódico “El Eco de Canarias”, había fallecido. Sus amigos y compañeros fotógrafos Julián Hernández, Luis Troya, Félix Urquijo, Momito, etc, lo tenían surtido de toda clase de fotos deportivas para que ilustrara sus publicaciones. Pero allá, por octubre de 1973, mi padre falleció y en casa quedó una amplia colección de fotografías de boxeo, de lucha canaria, lucha libre, Vela Latina, fútbol, natación etc. 

Tras su fallecimiento, dediqué muchísimo tiempo a ordenarlas. Cuidadosamente, las fui colocando en grandes sobres y les fui poniendo un titular. Sabía que tenía en la mano un material valioso y sabía, también, que con el paso del tiempo las fotos van deteriorando y perdiendo calidad. No eran tiempos de ordenadores, ni se esperaban... 

Mi padre, había trabajado en la recopilación de los internacionales canarios y tenía una amplia documentación, así como declaraciones de entrenadores que habían dirigido a la selección española, donde militaron muchos de los futbolistas isleños. El Libro solo faltaba valorarlo y meterlo en imprenta para sacarlo a la venta... Un día, decidí poner en marcha su publicación. Y ese mismo día, con todo el material fotográfico seleccionado y los textos definitivos afinaditos, desapareció... 

Con tal cabreo, una a una, fui poniendo las fotos ordenadas en sobres cerrado y a medida que se me iba haciendo paso fui entregando las fotos a los deportistas. Uno de esos sobres era para Ernesto Aparicio Betancor, que vivía en el mismo barrio de Las Alcaravaneras... Recuerdo que le toqué la pita del coche y me saludó como siempre: ¡¡Hola Ayalita!!...
“Capi”, le dije. Aquí tengo esta tonga de fotos, de tus años de servicios en la Unión Deportiva Las Palmas. A mí ya no me sirven de nada y creo que tú le darás mejor uso... 

Abrió el sobre y con pulso temblón, empezó a ojearlas... Afloraron recuerdos y momento felices... 

Se paró en una y me dijo: Aquí, temporada 67/68 casi hacemos la hombrada de ganar la liga... 

“El Capi”, Aparicio, era mucho capi. Expedito, Valiente... Vivía y sentía en amarillo...Cuando Aparicio metía la pierna de manera contundente, terminaba por contagiar al resto del equipo. “El Capi”, perteneció, siendo un pibe, al equipo de sus amores: La Unión Deportiva Las Palmas. Jugó de lateral y estuvo en activo desde 1.958 hasta el 70, en que fichó por el equipo sudafricano Highlands, donde permaneció hasta el 72... Al regreso, vuelve a la Unión Deportiva Las Palmas, pero en esta ocasión como masajista y utillero, durante tres décadas. 

Eran, simplemente, otros tiempos. Tiempos en que todos, nos sabíamos de carrerilla, la alineación de la Unión Deportiva. Jugadores, que se empleaban sobre el terreno de juego, sin desmayo. Unos más técnicos, otros más batalladores: unos que brillaban y otros que se dejaban el alma en el campo, supliendo con entrega sus carencias. Pero Aparicio, desde su puesto de defensa, era un jugador de raza... 

Le tocó vivir otra época. Una época en que no se ganaba mucho dinero defendiendo los colores de tu equipo. Sabíamos de aquellos primeros futbolistas, tentados por los clubes, que venían al caladero canario a pescar, jugadores que brillaban en campos de tierra y que fichaban por un terno y un par de miles de pesetas. Nada que ver, con esas cifras mareantes de la actualidad, que uno no sabe ni escribir. 

Aparicio, el “Capi”, se nos ha ido, pero nos deja el grato recuerdo de un luchador, de un hombre honrado que se entregó de lleno al amarillo de sus amores. 

Descansa en paz “Capi”. Acabas de irte y ya te echamos de menos...

ALFREDO AYALA OJEDA

jueves, 28 de marzo de 2019

EL AGUA, TAN VALIOSA COMO ESCASA...

Cuando la sequía amenazaba las más fértiles tierras de las islas, y a sus habitantes no les quedaba otro remedio, que andar en desesperadas rogativas, elevando al cielo las plegarias implorando la lluvia, que sucedería en las secas zonas del sur repetidamente castigadas por el solajero.
Atenazados, puesta en peligro la pervivencia de la familia, optaban por abandonar campos, tierras y animales y buscaban como remedio la emigración. Otros, al contrario, se volvían a la tierra misma para dar con esa mina de agua que pusiera fin a sus calamidades. Así, zahorines con su varita de granadillo, caminaban por los lechos de los barrancos esperando el hallazgo dar con la zona donde pudiera alumbrar el agua que vivifique sus cosechas. 
Muchas veces, con cultivos equivocados, exportábamos lo que no teníamos. Eran cosechas apreciadas dentro y fuera de nuestras islas, pero que resultaban carísimas, porque se invertían para cosechar un kilo de fruta, casi cinco kilos de agua... Algo así como matar moscas a cañonazos.


El agua, en nuestras islas siempre fue tan valiosa como escasa. En su búsqueda, se prestaba toda la atención a distintos vaticinios como “las cabañuelas” donde el entendido, sobre una tabla, colocaba doce montañitas de sal que predecían los meses con más precipitaciones. Estas lecturas solían hacerse en las fechas señaladas de San Juan y en octubre... También los pastores leían en sus idas y venidas, con el movimiento del ganado, la flor de la altavaquilla.  
No se regateaban esfuerzos. La búsqueda era constante y las perforaciones, frecuentes. Las islas, con el paso del tiempo, se han convertido en un enorme queso gruyere... Hay que recordar también el valioso trabajo del cabuquero, persona especializada en horadar rocas o abrir galerías en su afanosa búsqueda de agua.
En Fuerteventura, la espera. Isla en la que llueve poco y mal. Las tierras más valiosas, arrastradas por las grandes precipitaciones, reposan en el mar. Pero el majorero, observa y se acomoda a los tiempos dejando preparadas las tierras y esperando a que las lluvias rocíen la isla. Para ello, las gavias siempre preparadas, dispuestas para recibir los beneficios de la lluvia y no permitir que se desperdicie, ni una sola gota de agua... En Lanzarote, los enarenados salvaron muchísimas cosechas, pero el campesino continuaba en su esperanzador diálogo con las nubes. 
En la isla de El Hierro, el sabio Tadeo Casañas, empleando el sentido común y horas de observación, allá por los años 40 del pasado siglo, llegó a solucionar el grave problema de sequía que sufría la isla, ordeñando los árboles, canalizando el alisio hasta el hoy, donde una empresa, ordeñando las nubes, ofrece agua embotellada.
Las potabilizadoras, las presas, la canalización, la cultura del campesino, aunque se siga clamando la lluvia, permiten un ligero alivio.
Recuerdo de pequeño, aquella severa economía que se implantó en distintos hogares isleños. En muchos lugares el ir a la mina a buscar agua, tarea que corría a cargo de los más pequeños, fue pasando al olvido. En zonas se plantó un chorro y la vecindad disponía del agua tras una larga espera... Pero poco a poco fue llegando el servicio a los domicilios y mis padres me explicaban: para lavarse las manos, se moja un poco, se cierra la llave, se enjabona bien y después terminas abriendo nuevamente el pilar, para quitarte el jabón... El agua, se compartía como la vida misma. Así, sin más, aprendíamos y valorábamos el agua.
En fin, permítanme esta licencia, de adentrarme en el tema, del agua un bien escaso y caro que todos los que vivimos en estas islas hemos sufrido, de un racionamiento y en otros momentos, reinando la alegría, como decía la copla del desaparecido folclorista José María Gil:  

“Qué alegría 
las islas están llovías”. 

El agua, presente en nuestras vidas se festeja a lo grande: “La Traída del agua” de Lomo Magullo, habla por sí sola. 



ALFREDO AYALA OJEDA