jueves, 19 de diciembre de 2019

SOLSTICIO DE INVIERNO EN LA GUANCHA

Mis abuelos maternos eran de Gáldar, pero en ese tiempo de éxodo de las labores campesinas, se trasladaron a Las Palmas. Tenían su dinerillo y vivieron, digamos, espléndidamente. No en la abundancia, porque en aquellos tiempos de cachetón y tentetieso era difícil. Los chivatazos, las envidias y las persecuciones, era casi el pan nuestro de cada día. 

Mi abuela, doña Felisa Ojeda, dicharachera y cercana, siempre me contó distintas historias que desembocaba en la costa, concretamente de Bocabarranco y en la Guancha. Pero yo estaba muy “tiernito” y no tenía el bicarbonato necesario, para hacer la digestión de sus historias.... 

Andando el tiempo, con Lydia, he recorrido toda esa zona. Me contaba que ella tenía familia en la zona del Agujero y que pasaba ahí largas temporadas, de verano. Chica ella, jugaba a las “casitas”, entre las piedras y huesos del patrimonio arqueológico, de la necrópolis de la Guancha, en El Agujero, en la zona costera del municipio de Gáldar. Otros, en tertulia me comentaban que en esta valiosa zona, hacían prácticas de conducción porque era un lugar apartado y lejano a la mirada de curiosos y los molestos guardias de la época. 

Hoy, echando la vista atrás, duele que estas reliquias históricas despertaran la atención de todos a raíz de un pacifica movilización de la sociedad que concentraron en señal de protesta, a más de dos mil personas con la genérica leyenda de "Salvar La Guancha". Era momentos difíciles, los que se vivían en aquella época. Tiempos de muchos ruidos y prolongados silencios. Tiempos en que prohibir, era tanto como gobernar. Tiempos, en que Franco acababa de expirar y se esperaba un cambio social. Señalan las crónicas que 1976, cuando ente otros Antonio Rodríguez y Javier Quesada, Pepe Dámaso, Tony Gallardo, Celso Martín de Guzmán, Martín Chirino, Jane Millares, se pusieron el pantalón de brega para remediar el olvido y el despropósito de años. Merecía la pena intentarlo, porque la riqueza del yacimiento no solo estriba en la existencia de construcciones funerarias, sino también habitacionales y de culto. Han pasado más de 40 años y todavía, cuando me voy a remojar el esqueleto en las piscinas naturales del Agujero, observo que solo se ha conseguido algo más que vallar los distintos espacios y ponerles alguna leyenda. 

Creo, según me comentaron que el Cabildo y el Ayuntamiento, están en el empeño de poner en orden, este valioso patrimonio arqueológico. 

Pero, como los pobres del agua hacen caldo, me seguiré conformando con la llegada del día 21 de diciembre, (solsticio de invierno). Fecha señalada en la cultura aborigen porque es con los primeros rayos de sol, que desde la montaña de Agaldar, iluminan el túmulo real, lugar donde algunos estudiosos ubican el enterramiento de los Guanartemes. 

ALFREDO AYALA OJEDA

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