jueves, 28 de marzo de 2019

EL AGUA, TAN VALIOSA COMO ESCASA...

Cuando la sequía amenazaba las más fértiles tierras de las islas, y a sus habitantes no les quedaba otro remedio, que andar en desesperadas rogativas, elevando al cielo las plegarias implorando la lluvia, que sucedería en las secas zonas del sur repetidamente castigadas por el solajero.
Atenazados, puesta en peligro la pervivencia de la familia, optaban por abandonar campos, tierras y animales y buscaban como remedio la emigración. Otros, al contrario, se volvían a la tierra misma para dar con esa mina de agua que pusiera fin a sus calamidades. Así, zahorines con su varita de granadillo, caminaban por los lechos de los barrancos esperando el hallazgo dar con la zona donde pudiera alumbrar el agua que vivifique sus cosechas. 
Muchas veces, con cultivos equivocados, exportábamos lo que no teníamos. Eran cosechas apreciadas dentro y fuera de nuestras islas, pero que resultaban carísimas, porque se invertían para cosechar un kilo de fruta, casi cinco kilos de agua... Algo así como matar moscas a cañonazos.


El agua, en nuestras islas siempre fue tan valiosa como escasa. En su búsqueda, se prestaba toda la atención a distintos vaticinios como “las cabañuelas” donde el entendido, sobre una tabla, colocaba doce montañitas de sal que predecían los meses con más precipitaciones. Estas lecturas solían hacerse en las fechas señaladas de San Juan y en octubre... También los pastores leían en sus idas y venidas, con el movimiento del ganado, la flor de la altavaquilla.  
No se regateaban esfuerzos. La búsqueda era constante y las perforaciones, frecuentes. Las islas, con el paso del tiempo, se han convertido en un enorme queso gruyere... Hay que recordar también el valioso trabajo del cabuquero, persona especializada en horadar rocas o abrir galerías en su afanosa búsqueda de agua.
En Fuerteventura, la espera. Isla en la que llueve poco y mal. Las tierras más valiosas, arrastradas por las grandes precipitaciones, reposan en el mar. Pero el majorero, observa y se acomoda a los tiempos dejando preparadas las tierras y esperando a que las lluvias rocíen la isla. Para ello, las gavias siempre preparadas, dispuestas para recibir los beneficios de la lluvia y no permitir que se desperdicie, ni una sola gota de agua... En Lanzarote, los enarenados salvaron muchísimas cosechas, pero el campesino continuaba en su esperanzador diálogo con las nubes. 
En la isla de El Hierro, el sabio Tadeo Casañas, empleando el sentido común y horas de observación, allá por los años 40 del pasado siglo, llegó a solucionar el grave problema de sequía que sufría la isla, ordeñando los árboles, canalizando el alisio hasta el hoy, donde una empresa, ordeñando las nubes, ofrece agua embotellada.
Las potabilizadoras, las presas, la canalización, la cultura del campesino, aunque se siga clamando la lluvia, permiten un ligero alivio.
Recuerdo de pequeño, aquella severa economía que se implantó en distintos hogares isleños. En muchos lugares el ir a la mina a buscar agua, tarea que corría a cargo de los más pequeños, fue pasando al olvido. En zonas se plantó un chorro y la vecindad disponía del agua tras una larga espera... Pero poco a poco fue llegando el servicio a los domicilios y mis padres me explicaban: para lavarse las manos, se moja un poco, se cierra la llave, se enjabona bien y después terminas abriendo nuevamente el pilar, para quitarte el jabón... El agua, se compartía como la vida misma. Así, sin más, aprendíamos y valorábamos el agua.
En fin, permítanme esta licencia, de adentrarme en el tema, del agua un bien escaso y caro que todos los que vivimos en estas islas hemos sufrido, de un racionamiento y en otros momentos, reinando la alegría, como decía la copla del desaparecido folclorista José María Gil:  

“Qué alegría 
las islas están llovías”. 

El agua, presente en nuestras vidas se festeja a lo grande: “La Traída del agua” de Lomo Magullo, habla por sí sola. 



ALFREDO AYALA OJEDA

domingo, 17 de marzo de 2019

AMARILLO “ERA” MI COLOR

No sé, si con los años uno se vuelve perretoso.  No sé si con los años, ese cúmulo de vivencias atesoradas con el correr del tiempo, los hombres y mujeres tienden a romper con lo establecido... No sé, no sé, no sé...  Solo sé que estoy más caliente que un tubo de escape, con el tema del equipaje de la Unión Deportiva... Intentaré explicarme: 
Soy, de siempre, eterno seguidor de la Unión Deportiva Las Palmas. Puedo decir, incluso, que he conocido las instalaciones de aquellos clubes, que hicieron gala de un caballeroso desprendimiento para lograr la fusión y darle vida a aquel equipo único, que hoy se llama Unión Deportiva Las Palmas...  
También, he compartido tiempo con numerosos jugadores amarillos... Polillo, Cástulo, Oramas, Elzo, Silva, Molowny, Juanono, Beltrán, Torres, Gorrín, Pepín... 
Vi crecer el Insular y disfrutar con aquellos partidos regionales, de veteranos, de juveniles y de mi Unión Deportiva. 


Recuerdo, en Tenerife, estar disfrutando de una fresquita cerveza y aparecer por ahí, el legendario Zuppo y pegamos la hebra con recuerdos de aquellos delicados momentos que atravesaba el equipo... El Zuppo, siempre generoso, con la mano tendida, se desplazaba desde Tenerife para apoyar con sus “Riqui - raca” a la Unión Deportiva. 
Recuerdo, como prendía la llama de la pasión en el Insular, con aquellas bandas del Maestro Mejías o la Banda de Agaete, que daban aliento en situaciones complicadas... Compartí buenos momentos con Manolo “El Pipi”, con su voz bronca y su corneta... ¡¡Vamos Las Palmas!!... Nada digamos de Fernando “El Banderas”, incansable, con su bandera tricolor y su aglutinador “Pío Pío”; Así como últimamente el Mexicano con su bombo. 

Foto: El mexicano
También fui de aquellos que se rascaron los bolsillos, para adquirir acciones y salvar a la Unión Deportiva de la delicada situación económica... 
Créanme si les digo, que me duele la Unión Deportiva.  Cada traspiés, cada mala gestión, cada fichaje fallido, es una herida que queda para siempre en mi pecho.  
No hace mucho, -esto de las modernidades me tiene trabucao- se hizo la presentación del equipaje de la temporada... El AMARILLO, nuestra seña de identidad, brilla por su ausencia. Ahora, como el presidente es “Caballero Legionario”, el equipaje es verde. Verde legionario... 
Yo sé que don dinero, manda y obliga. Seguramente, el Sr. Ramírez si lee esto pensará: Yo con el equipo, que me cuesta un pastón, hago lo que quiero... 
Pero no. El equipo, en sus orígenes, pidió su autorización para usar el escudo y unos colores fundacionales. Pero usted, se ha saltado la historia... Ha enterrado o desterrado el color amarillo, mi color, nuestro símbolo. 
Ahora, aunque ponga las entradas a cero euro no voy al estadio. Me ha traicionado y ese verso de Luis Quintana “Amarillo es mi color” ahora pasa a ser “Amarillo ERA MI COLOR”... 

Ahí le queda el club: que le aproveche. Y haga lo que hacían los niños “litres”: ¡si no juego, me llevo el balón.! 

ALFREDO AYALA OJEDA

miércoles, 13 de marzo de 2019

A LA ABUELA DEL CARNAVAL

Hay personajes que dejan huella. Que calan en la consideración popular. Qué casi sin proponérselo, pasan a ser historia. Pero no una historia cualquiera, sino una historia de verdad.  Tal es el caso de Miguel Alcántara Cabrera, un vecino del céntrico barrio de Las Alcaravaneras, en la capital de Gran Canaria, que por su nombre solo lo conoce la familia, amigos y vecinos. Sin embargo, cuando se dice “La Abuela del Carnaval”, todos, sin exclusión, dicen ¡yo la conozco!. 

Foto: Alfredo Ayala y la Abuela del carnaval

A mí, por cosas de la profesión, siempre me picó la curiosidad. Me gustaba, codearme con todos ellos y andar por esos caminos, que los llevaron a mantener esa cita puntual con la tradición y el respeto al personaje... Son hombres y mujeres, que se dimensionaron al pasar del anonimato vivir la vida de otros.

Horas de estudio, de ensayos, de observación. Recuerdo, que alguno me pidió algún tipo de información gráfica, para ser más fiel al personaje. Unos personajes que había fallecido, pero que por estos entusiastas volvía su figura, a estar por unos días entre nosotros.

“La Abuela del Carnaval”, era una delicia. El papel del intérprete rozaba la perfección... La negra pañoleta de lana era para guardar el respeto y conservar en la memoria a algún familiar fallecido... El delantal, siempre dispuesto. Era como una caja fuerte donde tenía el pañuelo, el rosario, el monedero para el suelto, porque los billetitos siempre iban anudados en el pecho, cerquita del corazón. A veces, también con el escapulario de promesas,  a la Virgen del Carmen. 

Foto: Abuela del Carnaval

Y claro...  Así, como de repente, a la Abuela, le brotaba el mal genio y sin pelos en la lengua,  sacaba de paseo su carácter agrio, para dar un espantón a quien le levantara la voz o le llevara la contraria.

Pero Miguel Alcántara, era el vivo sentimiento del carnaval. Entusiasmo, entrega y una voluntad inquebrantable porque hay tener ánimos para estar picando los ochenta años y jincarse la pesada vestimenta, para entregarse de lleno a  a un largo recorrido... Recuerdo aquella luminosa tarde, en el lugar conocido por “la Tronera”, en Gáldar, aquella tarde en que me reuní con “La Abuela”, tierna, delicada que casi caminaba a trompicones... 
“Ayala - me dijo- a veces, en Las Palmas, me pongo en el filo de la acera y hago intentos de cruzar la calle. Muchos, se prestan para ayudarme... En cierta ocasión, un agente, con mucha corrección, me ayudó a cruzar y en ese breve recorrido, con el tráfico parado, me dijo: “No debe salir sola a la calle. No está usted en edad... Es peligroso y puede tener un percance... Al llegar a la acera de enfrente, le di las gracias con un besito... Son ruindades que me gusta hacer alguna que otra vez...” 

Foto: Abuela del Carnaval 

Ella, “La Abuela”, seguía contándome: “Antes, en nuestro tiempo, eso si eran carnavales. Aquellos que estaban prohibidos y había que ir a correrlos en Agüimes, en Montaña Cardones, en el Risco de San Nicolás o en el interior de algunas sociedades recreativas... Yo, salía del trabajo y llevaba una bolsa con mi disfraz. Siempre, con este mismo disfraz. En cualquier zaguán me lo ponía y nada más "encasquetármelo" cobraba vida...” 

“La Abuela”, no paraba. Había pegado la hebra... Para mí, el carnaval es la vida. Cuando se aproximan las carnestolendas, me siento imantado... Yo los he disfrutado en distintas partes del mundo: He recorrido todo el Archipiélago y numerosos municipios... Pero también me fui a Brasil, Venecia, Paraguay incluso en Alemania, concretamente, en Colonia hasta me galardonaron y todo. 

Hoy, recuerdo con nostalgia, aquella última ocasión en que me reuní con ella en Gáldar y detrás llegó una espléndida corte: “El Borrachito”, “El Che Guevara”, “Fidel Castro” y “los dos bobos” del moco colgando. 

Ya no la volveré a ver más. Se nos fue para siempre, casi sin tiempo para decirnos adiós... En el preciso momento en que el carnaval estaba a punto de quemar la sardina en la Playa de Las Canteras. 

Se nos fue un personaje. Otro más... Que Dios lo tenga en la Gloria. 


ALFREDO AYALA OJEDA

lunes, 12 de noviembre de 2018

“OPERACIÓN MANUEL" O "LA CURVA DEL AVIÓN”

Uno, qué quieren que les diga, ha recorrido las islas de manera incesante por tierra, mar y aire. En esa larguísima andadura, prolongada durante más de medio siglo, he conocido a numerosos personajes de los que me siento profundamente orgulloso. De todos, he aprendido un poco o un mucho, de las cosas de mi tierra. También, he vivido situaciones tan delicadas como el vergonzante: el abandono del Sáhara; El terrible accidente en aquellas luctuosas maniobras militares (Maxorata-72) donde once paracaidistas murieron y cincuenta y seis resultaron heridos,  y lo más penoso que con las imágenes grabadas por el operador de cámara, Antonio Santana, a punto de emitirse, la censura militar apareció por los recién estrenados estudios de la Plazoleta de Milton y arramblaron con el valioso testimonio gráfico de aquella terrible imprudencia. Eran tiempos de “ordeno y mando”; El terrible accidente aéreo de Los Rodeos; el nacimiento (1.971) del volcán Teneguía; el recorrer día y noche distintos puntos de Gran Canaria, intentando localizar al “Rubio”… Pero quizás, el “Accidente de la Curva del avión”, también conocido como “Operación Manuel”, sea uno de los episodios trágico-cómico de los que he sido, sin proponérmelo, testigo ocasional.
Tremenda repercusión había tenido, según la investigación de US Navy las negligencias de la tripulación que terminó en aquella triste tragedia… Las interrogantes se dispararon ¿Que hacía un avión militar violando el espacio aéreo? ¿Había submarinos en aguas isleñas?¿cuál era el objetivo?... El avión había partido el 11 de diciembre de la base Aérea de Lajes (Azores) a las 10.36 en misión de vigilancia de superficie, con el radar y la radio apagada para no ser localizados. Pasadas las 11h informan de su paso por un punto señalado… Después… silencio… Es domingo y en El Hierro, lo dice su reclamo publicitario, “Hay de lo que no hay”. Pero también este fatídico día 11, amanece con un “tiempito herreño” de frío intenso que invita a permanecer en casita. Las negras nubes, quedan, como atrapadas, en los altos del municipio de La Frontera y la intensa lluvia transforma a la isla en una inmensa destiladera que casi hace presagiar lo que sucedería pasando el filo del mediodía… La visibilidad es escasa, muy escasa... Casi se palpa el oscuro. Día festivo, calles desiertas… De pronto, a las 12.45, se escucha un tremendo estampío, que algunos confunden con truenos. Pero, no. Acababa de impactar en “La Curva del Mocanal” un avión P3-B Orión de la US Navy con 13 tripulantes…
Cuenta la prensa que un vecino trincó unas ramas y, jugándose la vida, intentó apagar las llamas. El desesperado gesto resultó baldío. Luego avisó a vecinos y guardia civil. Todo un operativo se puso en marcha. Así, mientras, el ejército establecía un perímetro de seguridad, continuaban llegando vecinos, curas, monjas, médicos, personal sanitario y autoridades…
Las preguntas se sucedían… ¿por qué un avión militar americano sobre la isla?¿qué se nos está ocultando?¿hay una base de submarinos en Canarias?... No se acababan las preguntas y el nerviosismo, crecía…
De repente, un cabo de la Guardia Civil que celosamente inspeccionaba el lugar y los aún humeantes hierros del avión, da con la clave, tras encontrar unos papeles que estimaba importantísimos: “una operación militar contra objetivos españoles: “La Operación Manuel”.
El Cabo, trasladó su información al sargento, este al teniente y escalando escalando llega la noticia hasta las más altas esferas. La documentación encontrada, era ya cuestión de estado… Y de nuevo la pregunta ¿Qué esconde la Operación Manuel?”.
Se desborda el tarro de la serenidad y toda la máquina diplomática se pone en marcha y se producen los primeros contactos entre Asuntos Exteriores y la Embajada de EE.UU en Madrid y la Secretaría de Estado en América.
Las fuerzas americanas señalan que no tienen ninguna operación en cielo español, pero los españoles, continúan pidiendo explicaciones a la vez que advierten, con cierta firmeza, que tienen en su poder papeles comprometedores que están en manos de la Guardia Civil en la isla de El Hierro…
Rápidamente, un grupo de expertos llega a la isla para interrogar al Guardia Civil que responde a las preguntas… “Estos papeles con este libro lo he recogido entre los restos del avión. Está en inglés y aquí lo dice: “Manual Operating”…
Perplejos llegaron a la conclusión que “Manual Operating”, era simplemente el manual de operaciones del avión y que el exceso de celo del Cabo de la Benemérita, estuvo a punto de ocasionar un conflicto diplomático de serias repercusiones… Pero no. Todo quedó en una anécdota que aún, después de haber pasado más de cuatro décadas continúa recordándose…

Una mañana, en el primer vuelo, llegamos un grupo de televisión Española para grabar uno de los capítulos de la serie etnográfica “El Pueblo Canta”. Este capítulo, estaba dedicado, precisamente, al recién fundado grupo Tejeguate, dirigido y fundado por Ramón Padrón Cejas, precisamente, el fotógrafo que obtuvo aquellas primeras fotografías del terrible accidente. Ramón Padrón, por ese entonces también era Concejal por el CDS de Adolfo Suárez, que por ese entonces era presidente del Gobierno.
Recuerdo que, tras la llegada al aeropuerto, emprendimos camino hacia el municipio de La Frontera y paramos en La Curva del Mocanal que, tras el accidente, paso a llamarse “La Curva del Avión”. Allí, entre los retorcidos hierros, Nanino Díaz Cutillas, Víctor Garrido y yo, nos hicimos un fleje de fotografías que andarán mezcladas y traspapeladas por algún rincón de la casa…

ALFREDO AYALA OJEDA

martes, 16 de octubre de 2018

A PEPE, "EL ABOGADO"

Hoy, profundamente apenado, leo las distintas informaciones sobre el luctuoso suceso familiar de José Rafael Hernández Santana “Pepe, el abogado”, como lo conocíamos en el barrio. 


De pequeño, en el barrio y por la amistad que tenía su padre y el mío, pues nos transitábamos mucho. Algunas tardes y noches, cuando fue andando el tiempo, coincidíamos – ya galletones- en la calle Funchal, en el chalet de mi tía Peregrina, el poeta Juan Sosa Suárez “Belarmino”, su hija escritora y poeta Natalia Sosa Ayala, Chano Sosa, Paco Sánchez y otros muchos. 

Nuestros caminos, aunque seguíamos codeándonos por residir en el mismo barrio de Las Alcaravaneras, se separaron. Yo comencé a trabajar en la Tele y él, pues empezaba a ejercer como abogado. 

Cierto día, se presentó en televisión para presentar algunos de sus trabajos “Desde la sombra”, “Despertar” y sus cantos esenciales en tres entregas. Tenía, el amigo y poeta Pepe “el abogado”, la misma fuerza con la que el toro sale del toril… Y en numerosas ocasiones lo atendí para que participara en tertulias, en un programa que se titulaba “Bolero”, en espacios informativos, etc. 

Un día, se me presentó con su último trabajo: TARJA, un canto aborIgen. Feliz alumbramiento, al que su hermana, la compositora Carmen Hernández, le puso música. Me pidió que lo grabara en formato profesional. Y tal fue su vehemencia, que nos fuimos hasta el sonoro barranco de Guayadeque, a hacer distintas grabaciones. Señalamos distintos puntos de asentamientos aborígenes… Cuando terminé el trabajo, lo vimos en distintas ocasiones en su casa-despacho de Las Alcaravaneras… 

Era frecuente verlo en el bar de los hermanos Rogelio o en los alrededores, cantando y contando a sus amigos su último trabajo. Unas veces, me sorprendía con alguna sátira y se ufanaba por ser el único poeta satírico del país… Recuerdo una ocasión en la que me paró para leerme “la última”… Lo atajé y le dije que tenía prisa, porque tenía que llegar a una boda y me soltó: 

Del arroz
derramado
 en las puertas
 de las iglesias
y los juzgados,
comen hoy 
 las palomas,
y mañana
los abogados.

O esta otra, sátira: 

En el estómago 
Empiezan las digestiones 
En los estómagos vacíos: 
Las revoluciones... 

En otra ocasión, me entregó un trabajo dedicado a su MADRE, a la que atendió con infinita ternura hasta su fallecimiento: 

La palabra madre es la más dulce, 
la que más protección nos ofrece. 
Es la palabra más acariciante, 
la palabra más envolvente. 
Es la palabra que nunca nos deja solos, 
la palabra que jamás se divorcia de nosotros 
la palabra que está a nuestro lado siempre. 
Es la palabra que brota de nuestros labios, 
cuando el dolor o el miedo nos acomenten. 
La palabra madre es la más hermosa, 
la más pura, la más profunda, la más fuerte. 
La llamamos de niño, necesitados 
la llamamos más allá de la muerte. 

“Pepe, el abogado” fue un poeta de largo recorrido… Y mucho me alegré el día en que lo propusieron para el Premio de Canarias… Ese día, en la esquina de la calle Italia con Valencia, nos abrazamos. Estaba ilusionado… 

Ese día, le recordé aquel 1.982 en que publicó “Y yo escogía la palabra” en que José Rafael, se muestra firme y fiel a sus sentimientos… La palabra es su arma: 

No faltaba ninguna 
Las fui observando todas, 
Desde la piedra paleolítica 
Hasta las más modernas armas. 
Dios me dijo: 
¿Qué quieres para tu lucha? 
Y yo escogí la palabra. 

Hoy, entristecido lo recuerdo tal como era, como lo conocí: tierno, irónico, luchador. 

Descansa en paz amigo. 

ALFREDO AYALA OJEDA

jueves, 5 de julio de 2018

“EL DELANTAL DE MI ABUELA”

Hace unos días, por medio de un gran amigo, me llegó, a través de “feisbu”, un delicioso artículo que he querido compartirlo con ustedes. Su título, sencillo: “El delantal de mi abuela”. Un delantal, hoy en desuso pero que, para nosotros, los que ya tenemos algo más que las sienes plateadas, guarda profundos recuerdos. Tanto como la “saliva milagrosa de nuestras madres” que cuanto tenía alguna rozadura, alguna mancha, se mojaba los dedos con su lengua y te dejaba inmaculado. El artículo me lo remite el amigo Miguel Ricarte. Está tomado del muro de doña Eligia Socorro Socorro…Disfrútenlo: 

"El delantal de la abuela"
El delantal de la abuela, es un texto que llegó a mis manos hace tiempo y, como lo identifico totalmente con el delantal de mis abuelas...

Dice el texto...

"La principal función del delantal de la abuela era proteger el vestido que estaba debajo, pero, además, servía de agarradera para retirar la sartén más que caliente, del fuego. Era una maravilla secando las lágrimas de los niños y, en ciertas ocasiones, limpiando sus caritas sucias.
El delantal servía para transportar desde el gallinero los huevos, los pollitos que necesitaban terapia intensiva y, a veces, los huevos golpeados que terminaban en el horno.
Con él, se recogían los frutos que caían de los árboles al terminar el verano.
Cuando llegaban visitas, el delantal de la abuela servía de refugio a los niños tímidos y, cuando hacía frío, la abuela se envolvía los brazos en él. Aquel viejo delantal, agitado sobre el fuego, oficiaba de fuelle y él era el que cargaba con las papas y la leña hasta la cocina.
Servía también de canasto para llevar las verduras desde la huerta.
Cuando se acercaba la hora de comer, la abuela salía a la puerta y agitaba el delantal, y entonces los hombres que estaban en los campos, comprendían de inmediato que el almuerzo estaba ya listo.
Cuando alguien llegaba inesperadamente, era sorprendente la rapidez con que el viejo delantal podía sacar el polvo de los muebles.
Pasarán largos años, antes de que alguien invente un objeto que pueda reemplazar aquel viejo delantal que tantas funciones cumplía…
Aunque quizás ya no hay abuelas que… tengan que proteger el vestido, dado que hoy hay muchos y tenemos máquinas que los lavan. Las agarraderas de las sartenes ya no queman. Las caritas de los niños, las lavamos con toallitas húmedas. El fuego lo avivamos con un botón o una llave y el polvo lo quitamos con bayetas ecológicas que repelen el polvo…
En recuerdo de mi abuela, hoy tengo colgado en mi cocina un DELANTAL, que me recuerda a aquella persona tan querida y que tantas cosas fue capaz de hacer con el delantal y sobre todo con mucho cariño.
Que tengan un feliz día y salud, MUCHA SALUD para todos”.

Precioso ¿verdad?

ALFREDO AYALA OJEDA

jueves, 21 de junio de 2018

LECHE MECIDA O AMOLÁN

Hace algún tiempo, en una visita realizada a la isla de La Gomera (1.977), un reducido equipo de Televisión Española en Canarias, con Fernando Díaz Cutillas a la cabeza, nos desplazamos para mantener una entrevista sobre costumbres y tradiciones con el documentado historiador don Virgilio Brito. Don Virgilio, gustoso, nos contó la historia “Del Muerto que mató al vivo”, “páginas de la constante del isleño: la emigración y nos mostró su particular Museo Etnográfico de Hermigua. También, nos dio una lección práctica de la obtención de la Leche Mecida, manteca de ganado o Amolán, que de todas estas formas se conocía en las islas. 

“Durante varios días, - nos dijo- una o varias cabras se seleccionan y se dejan pastar en el campo sin ponerle ninguna ración. Solo las hierbas que brotan en fechas próximas a la festividad de San Juan. En esa época, las hierbas, enriquecidas por los rayos solares, tienen propiedades sanadoras y esas virtudes se reflejan en la leche que día tras día, tras el ordeño, se va depositando en un recipiente situado en lugar fresco. El último ordeño se efectúa el día de San Juan, antes de la salida del sol. 

Con la leche reposada se pasa al proceso de mecerla. Para ello se introduce en un odre o fol, que en Fuerteventura recibe el nombre de “borracho”. El odre, se cuelga sobre la gruesa viga cumbrera, se deja al pairo y se le introduce la leche. Luego, se cierra y se empieza a columpiarlo, hasta que el suero se separe de la leche. Con esta larga operación, los vaivenes del odre permiten que la leche se vaya espesando, hasta obtener la manteca de ganado, que los aborígenes isleños conocían como Amolán. 


Foto: Tomás Marichal elaborando leche mecida

Hoy, cuando se aproxima la festividad de San Juan, me ha venido a la memoria el recuerdo de aquellos momentos, recogidos y emitidos por Televisión Española, en que la tele iniciaba su andadura en las islas, pero, desgraciadamente estas valiosas imágenes, por pésima conservación o por distintos cambios de formatos, desgraciadamente, ya no existen. 

Recuerdo que las busqué, por todos los recovecos de los archivos televisivos, pero sin fortuna. Por eso, cuando dimos los primeros pasos sobre la serie Senderos Isleños, uno de los primeros capítulos fue el de “Tres historias majoreras”: El Amolán, La pesca de la anguila mediante embrosque y el queso enterrao... Fijamos nuestra atención en Tomas Marichal y durante días estuvimos alrededor de estos viejos oficios. Pero la memoria, desgraciadamente, le jugó una mala pasada y no pudimos terminar ninguno de los tres cometidos. Hacer el proceso sí; recogerlo, sí. Pero hacer el proceso completo fue imposible, porque la memoria ya no alcanzaba. 


Foto: Preparativos del embrosque

Embargo, Tomás Marichal, si nos comentó, con todo lujo de detalles algunos interesantes aspectos como_ “La leche, en esa época víspera de San Juan, era mantecosa y más rica en grasa. Estaba enriquecida porque las hierbas son más ricas en vitaminas por el efecto de los rayos del sol. Hasta no hace mucho, familias enteras, mecían la leche. Incluso, el “borracho”, se prestaba. La leche mecida o manteca de ganado, era aconsejable para desflemar, realizar estregaditos en el estómago cuando se tenía el “pomo esconchabao” y, también se empleaba, como pomada, para evitar la inflamación o irritación en las ingles o culito de los niños de pañales. 

ALFREDO AYALA OJEDA